martes, febrero 20, 2024

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Encerrada en su propia casa: esta mujer vive hace 27 años en el penal de Lurigancho sin ser reclusa

Juana Lazo es quizás la única persona en nuestro país que, para entrar y salir de su casa, necesita una autorización policial y pasar por una caseta de control, ya que, por más increíble que parezca, su vivienda se ubica dentro del penal de Lurigancho. En este centro penitenciario, donde cientos de delincuentes son encarcelados para cumplir sus condenas, Juana vive como una reclusa más, pero con la diferencia de que ella no ha cometido ningún delito.

Según contó en conversaciones con La República, el hecho de que su casa se halle dentro del perímetro del penal sería un mero acto de venganza, puesto que hace muchos años testificó en contra de la Guardia Republicana tras haber presenciado la muerte de ocho presos y una monja en las inmediaciones de la cárcel.

“Yo di mi testimonio al fiscal Mario Miranda y les dije que la Guardia Republicana había disparado. En ese momento, ellos gritaron que el cerro y mi casa debían desaparecer y demoler, me amenazaron”, detalló.

Tiempo después y ante el incremento de pabellones, el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) ordenó cercar todo el penal de Lurigancho y, aunque en un principio se estaba colocando la reja fuera de su vivienda, llegaron órdenes de arriba que hicieron que los policías sacaran los alambres a la mala y circundaran su propiedad. Es así como su hogar paso de estar cerca del reclusorio a formar parte de sus instalaciones.

Ya pasaron más de dos décadas desde entonces y Juana, que ahora tiene 74 años, sigue exigiendo justicia. «Quiero que me indemnicen por todo lo que me han hecho. No pido reubicación porque estoy segura de que me mandarían a los quintos infiernos», dijo mientras sostiene con mano firme todos los documentos que avalan la veracidad de su historia.

La casa del penal de Lurigancho

Juanita, como le gusta que le llamen, vive completamente sola. Sus hijos, que crecieron en medio de cercas de seguridad, policías y delincuentes, se fueron apenas tuvieron la oportunidad, ya que a nadie le gusta sentirse encerrado en su propia casa ni mucho menos tener que pedir permiso a un oficial para recibir una visita, como si de un recluso se tratara.

Con el paso de los años, el recorrido que realiza para ingresar a su hogar se ha vuelto más complicado. La osteoporosis que padece le dificulta enormemente subir los 250 metros que hay entre la puerta del penal y su vivienda. Casi ya no posee fuerzas en sus piernas y su bastón cada vez se vuelve más obsoleto. “No he recibido ningún beneficio, espero que a la brevedad me indemnicen. Con el tiempo, no podré subir alturas, estoy delicada de salud”, relató doña Juana.

El hogar que defiende con tanto ahínco y en donde ha pasado los últimos 56 años de su vida fue lo único que le dejó su padre, un hombre que en la década de los 70 trabajó como jefe de mantenimiento en el penal. Según cuenta, este inmueble existe mucho antes de que siquiera se pensara en construir un centro penitenciario cerca de la zona. “Hace muchos años, San Juan de Lurigancho era una hacienda y los Wiesse construyeron la casa para vigilar sus tierras”, narró sin vacilar en los datos. 

La mujer recuerda que, en más de una ocasión, han intentado desalojarla, a veces con la fuerza o con papeles. Pero hasta el momento no han podido porque la ruma de documentos que siempre tiene a la mano le han permitido ganar dos juicios al INPE. Ahora, por primera vez, ha contratado a un abogado que ha prometido no cobrarle hasta que le paguen la compensación. «Es lo mínimo que pueden hacer después de tantos años de penurias», manifestó.

Juana ya ha efectuado los cálculos y los 650 metros cuadrados que ocupa su terreno vale por lo menos unos 300.000 dólares, que es lo que ella exige para retirarse. Con ese dinero piensa comprar una vivienda en un lugar más adecuado en donde su libertad no sea cuestionada por guardias de seguridad y pueda por fin estar en paz.

Todos los días Juana debe caminar una larga distancia para ingresar a su casa. Foto: María Pía Ponce

Todos los días Juana debe caminar una larga distancia para ingresar a su casa. Foto: María Pía Ponce

«Me han robado siete veces dentro del penal. Yo necesito estar tranquila porque sufro de epilepsia, hasta los médicos me los han dicho. No es dable que a mi edad tenga que pasar por denuncias y calumnias. Por eso le pido a las autoridades que reflexionen y ya no me hagan pasar por esto», finalizó la conocida ‘Dama del penal’.

IMPORTANTE. La República intentó contactarse con el INPE para conocer su postura frente a este caso, pero hasta el cierre de la nota no han brindado respuesta alguna.

Casa de Juana Lazo en San Juan de Lurigancho

La casa de Juana Lazo se encuentra ubicada desde hace casi tres décadas dentro del penal Lurigancho. Foto: captura YouTube/»Al sexto día»

Fuente: La República

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